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Las grabaciones de sonido de War Thunder, Parte 4: el Sherman
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Éste será el último capítulo en las aventuras de Max Lachmann, al grabar el auténtico sonido de los vehículos militares para War Thunder. En esta ocasión Max nos contará sus experiencias en Texas​


IV. ¡La aventura de Texas!

A lo largo de mi búsqueda en pos de vehículos de la segunda guerra mundial para las grabaciones de Gaijin, descubrí a un coleccionista privado en Texas, Estados Unidos; Brent Mullins, quién parecía poseer una excelente colección de antiguos blindados estadounidenses y otras reliquias.



En un principio parecía un personaje difícil de convencer, pero tras algunos correos electrónicos y llamadas telefónicas aceptó concertar una sesión para grabar los siguientes modelos:
El M8 Greyhound.
El tractor de artillería M5 High Speed Tractor.
El carro ligero M5A.
El mítico M24 Chaffee
El temible cazacarros M18 Hellcat.
Los memorables M4A1 y M4A3 Sherman
El semioruga M16
Por último el mortero de 105mm.

Estando mi novia encinta y previendo la llegada de la criatura para principios de octubre, quería llevar a cabo esta empresa en agosto como muy tarde. Brent nos recomendó retrasar los planes, el mes de agosto es extremadamente caluroso en Texas, hace un bochorno horrible. Como que para mí posponer la fecha no entraba dentro de los planes, mantuvimos la planificación para agosto, pese a que la advertencia de Brent se cumpliese al pie de la letra. Resultaron ser unas de las jornadas más sofocantes por las que jamás he pasado, incluyendo grabaciones en plena maleza, acabamos sudando la gota gorda.
 
Ésta fue la primera ocasión en que Pavel quiso llevar un cámara con la expedición, era obvio que los vídeos que recogían nuestras GoPros no eran suficiente. Así que le pedí a un amigo mí, Richard de Bröderna Blom, que viniese. El 11 de agosto, Bernard,  Richard y un servidor dejábamos atrás Estocolmo y volábamos destino a Houston con escala en London. Como siempre, escogí volar con British Airways, con los que siempre se puede disponer de un excelente acuerdos para todo tipo de equipaje, que siempre podrían comportar facturaciones añadidas. Lo más importante era que el equipaje de mano permitido era suficiente como para que, en caso de extraviarse el facturado, pudiésemos llevar a cabo la grabación prevista.
 



Tras llegar a Houston nos fuimos a por nuestro coche de alquiler. El recepcionista nos realizó el formulario habitual y nos ofreció un seguro completo, con lo que estuvimos perfectamente conformes ya que según respondió él, lo cubría todo. “¿Si al coche le pasa un carro por encima también nos cubre?”. “Sí, por supuesto”. Instantes después, con todo listo, nos preguntó que nos había traído a Texas. “Vamos a grabar el sonido de vehículos blindados en el museo de carros”. Nuestra respuesta le descompuso la cara, una estampa impagable. Nos reímos a su costa, aunque le compensamos con no darle más sorpresas y un coche intacto, aunque bastante sucio. ¡Estoy seguro que el sonido del coche bajo el peso de un blindado habría sido francamente bueno!.
 
Los carros se encontraban en el Museum of the American GI en College Station, a un par de horas de carretera al norte de Houston. Llegamos al museo temprano, listos para realizar la primera sesión de grabaciones del día. Siempre se tarda un poco más en presentar a todo el mundo, encontrar una pista adecuada y poner al corriente a todos los presentes. De este modo es más fácil que todos los implicados puedan ayudar en la organización y las necesidades de la sesión, etc. Una vez empezó todo le tocaba el turno a nuestro excelente conductor de carros, Sean, que nos ayudó en todo y con el que fue un placer trabajar codo con codo. En aquellos momentos nos dábamos cuenta de lo caluroso que era aquel clima, se hacía imperativo armarnos con botellas y más botellas de agua para combatir aquel infierno. También me sobraba la camiseta, me la puse apenas para comer y en las horas de trabajo tocaba ir a pecho descubierto. Mientras tanto colgábamos las ropas, para que se secasen, sobre los cañones dentro del garaje.




Temerosos de las serpientes que habitan en Texas, le pregunté a Sean sobre ellas. Me explicó que no habían serpientes de cascabel, las que abundaban eran las cabeza de cobre. Acerca de mis dudas sobre su peligrosidad, simplemente respondió: no te van a matar pero conseguirían que prefirieras que lo consiguiesen”. Tranquilizador... Para contrarrestar esta impresión, nos explicó que solo viven en la hierba alta, así que mantenernos en la carretera era sinónimo de seguridad. Al encargarme yo de la grabación más externa, mi posición era junto al borde del camino, por el que pasaría el vehículo. Así que no pude evitar estar pendiente de si aparecía alguna sierpe. Finalmente empezó a oscurecer y di por hecho que podía darme un descanso de mi constante guardia, con poca luz no habría peligro alguno. Al acabar, recogimos todos nuestros pertrechos dentro del coche y volvimos al garaje. Justo antes de aparcar, al girar la vista vi algo arrastrándose por la carretera, mis temores se habían materializado... Resultó ser que, obviamente, esos animales eran activos en las horas nocturnas. Me quedé sin motivos para seguir sintiéndome seguro a partir del atardecer. Además, no la había descubierto entre la hierba, como Sean había comentado. Desde entonces seguimos viéndolas día tras día y nunca fue entre las hierbas. Y eso sin contar los escorpiones....
 
Además de nuestras preocupaciones por las serpientes, algunos vecinos empezaron a quejarse de que los blindados estaban destrozando la calzada. Y para rematarlo, se dio el caso de que nos quedamos sin combustible. Si no contamos estos percances, el resto del trabajo fue una balsa de aceite, en gran parte gracias a Sean, quién nos ayudó en todo lo que necesitábamos, aunque fuese abrir esta trampilla o aquella escotilla. Así que instalábamos un par de micrófonos en el motor, otros en la admisión, algunos en el interior, otros en los tubos de escape y uno a cada lado sobre las orugas. Teníamos dos giros y una larga recta, con micrófonos a ambos lados y un servidor entremedio con otro puñado de captadores.
 
El último día debíamos encargarnos del semioruga M-16, pero a causa de la copiosa lluvia caída aquella noche no podía salir de los barracones en el museo. Las pistas no estaban en condiciones y podía quedarse embarrado sin remedio. Así que tuvimos que dejarlo por imposible. Por otra parte aún quedaba pendiente la grabación de los obuses disparando, así que nos pusimos manos a la obra.



Sabéis, pasar por un control de seguridad en el aeropuerto con equipamiento que ha estado cerca de armamento y todavía más si éste ha sido disparado, es algo que no deja indiferente. Para mayor complicación, al transportar las grabadoras en nuestro equipaje de mano, éstas son siempre objeto de escáneres en busca de explosivos. Unos instantes de pura adrenalina, pero sin sorpresas y volvíamos a casa con una experiencia memorable, un nuevo amigo y unos audios excelentes.


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