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La grabación de sonidos de War Thunder, Parte 3: el Spitfire Griffon
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Continuamos publicando la serie de diarios de Max Lachmann sobre la grabación de los sonidos auténticos de vehículos militares reales para War Thunder. En esta entrada Max explica sus instrucciones para grabar los sonidos del motor “Griffon” del Spitfire. Esto le llevó a un museo de Los Ángeles en donde pudo encontrar lo que necesitaba.


III. ¡La aventura del Spitfire de motor Griffon!

Justo cuando  pensaba que habíamos terminado, tras haber entregado un disco duro con nueve carros raros grabados en Francia, Pavel volvió con otra petición: un Spitfire con motor Griffon. En ese momento no me dí cuenta de que sería más complicado de lo que parecía en principio. Después de todo hay muchos viejos Spits por ahí, al menos eso parecía comparado con los Lancaster y los Bf 109, de manera que no podía ver porqué debería ser más difícil encontrar uno ni que me impidiera intentarlo de todas formas.



Como siempre, empecé a trabajar mis conexiones por correo electrónico, también busqué en Google los diferentes modelos de Spitfire que tuvieron motores Griffon y si quedaba alguno. Curiosamente encontré unas pocas listas de Spitfires restaurados pero muy pocas tenían información de los motores utilizados. También era difícil decir cuáles podían volar y cuáles no pero tras unos días recibí algunas respuestas a mis correos. La primera era una dirección en el Reino Unido, lo que hubiera sido muy cómodo pero resultó que era un avión que se estaba restaurando sin fecha conocida para terminarlo aunque se esperaba que fuera en algún momento del verano de 2014. Fueron muy serviciales pero también comprendieron que el margen de tiempo era demasiado impreciso para nosotros. La siguiente dirección también era en el Reino Unido pero tenían un horario apretado y nos invitaron a ir a trabajar. Sabiendo lo complejas que son la clase de grabaciones que hacemos sabía que tenía que encontrar otra alternativa. Entonces afortunadamente entré en contacto con Jason Somes, del SoCal Wing en el Commemorative Air Force Museum de Camarillo, Los Ángeles. Tenían un Spitfire con motor Griffon en condiciones de vuelo, ¡y estaban dispuestos a ayudarnos!. Como ventaja añadida también tenían un Bearcat en condiciones de vuelo y un C-46 con el podíamos potencialmente rodar por tierra. 

Ahora entramos en la siguiente fase del proceso de programación.
Tuvimos que acordar un presupuesto, concretar fechas que se adecuasen a todos. Asegurándonos que uno de los cámaras -“Blom Brothers”- pudiese estar disponible, efectuar las reservas para los vuelos, hoteles, vehículos de alquiler y demás detalles. Habiendo aprendido de nuestros errores, sabíamos que para a la hora de grabar los aparatos se hacían necesarios metros y metros de cable, soportes para los micrófonos, pesos y apoyos para que todo se tuviese en pie con las turbulencias del aparato. Al ser todo el equipamiento extremadamente pesado, decidimos que sería mejor alquilarlo allí mismo. Así pues, tras haber contactado con las compañías de alquiler, agencias de viajes, el museo, etc. teníamos por fin todo preparado.



 
El ocho de mayo cogíamos nuestro vuelo rumbo a Los Angeles. Llegamos ya avanzada la tarde tras la escala en Londres. Algo siempre problemático y sobre lo que no dispones de control alguno, nunca sabes cuando te perderán el equipaje al cambiar de avión. Por malas experiencias anteriores, en que se había perdido y retrasado la recuperación del equipaje; preparamos en el equipaje de mano, un equipo mínimo de grabadoras y micrófonos. De este modo podríamos grabar, por poco que fuese, aunque nuestro equipaje desapareciese en extrañas circunstancias. Por suerte para nosotros, nuestra aerolínea permitía hasta 23kgs como equipaje de mano, lo que ofrecía mucho margen para lo que quisiéramos llevar con nosotros. Por otra parte también implica que siempre estaremos levantando sospechas en los controles de seguridad, con todas nuestros raros pertrechos y equipamiento. Esta vez todo fue como la seda en los controles y tanto nosotros como el equipaje llegamos a la vez a destino. Tras agenciarnos nuestro vehículo de alquiler, salvamos el trecho que había hasta llegar nuestro hotel en Camarillo. Una vez allí recibimos parte de los equipos alquilados, dos grabadoras. Las cuales teníamos previsto instalar en el interior de los aparatos en vuelo, debíamos asegurarnos que estaban debidamente preparadas y cargadas para entonces. El resto del equipo llegaría directamente al museo.
 
A las nueve de la mañana del día siguiente nos reunimos con Jason Somes y para mi sorpresa, un técnico de sonido local, el cual había invitado, vino con su ayudante. Había pasado años sin verlo y estaba encantado de reencontrarme con él. Así pues, tras saludarnos rápidamente, nos pusimos por la labor. Le explicamos a Jason todos los detalles de lo que nos traíamos entre manos y por su parte, Jason, nos explicó como hacerlo. Siempre entra en juego la seguridad en los aeropuertos, normas de seguridad que limitan a que distancia se puede estar de la pista, seguros y similares. Todo resultó un tanto complicado para que nos ayudasen desde un principio, aunque gracias al buen hacer de Jason y tras firmar algunos documentos, todo salió a pedir de boca. De todos modos íbamos a estar bajo la supervisión constante de dos acompañantes, el personal autorizado de la pista, para cuando se llevasen a cabo los vuelos rasantes.



Pese a ésto, antes de grabar los vuelos rasantes preparamos el aparato para la sesión en tierra. Cuatro micros y una grabadora irían instalados en su interior, los mismos que servirían también para el vuelo. Alrededor del aparato también dispusimos 20 canales más desde distintos ángulos. Tras el Bearcat, le tocó el turno al Spitfire. 
Tocaba pasar a la sesión de vuelo. Dado que ya habíamos grabado un Hellcat y un P-51 Mustang para Pavel unos años antes, aunque solo en pista, pedimos a Jason vuelos del Hellcat y el Mustang para conseguir los sonidos que nos faltaban de esos modelos. Así que tocó instalar el equipo en su interior y dirigirnos a la pista. Un ayudante de sonido se mantuvo en el hangar para obtener el sonido del aparato alejándose mientras rodaba por la pista. Asimismo se dispusieron micrófonos a lo largo del tramo, todo estaba listo. 
Primero fue el Mustang. Permitidme que os diga que sonaba de maravilla. A continuación tuvieron lugar unas pasadas rasantes, muy bajas y rápidas, del Spitfire. Seguidamente el Bearcat y por último el Hellcat. Por entonces el sol ya se escondía por el horizonte. Tocaba dar el día por acabado, tras una buena y larga sesión de grabación. Pese a todo, quedaba trabajo por hacer antes de irnos al catre: ¡las copias de seguridad!.



Nuevamente, nos reuníamos a las nueve de la mañana siguiente. Nos habían advertido que el aeropuerto podía a estar mucho menos tranquilo y con mayor actividad que el día anterior, tal y como sucedió. Había multitud de visitantes en el museo, que iban a volar con el Mitchell o el Mustang, incluso dispuestos para una fiesta a bordo del C-46. Estos últimos iban a tener que esperar. El Commando era “nuestro” objetivo aquel día. Pasó algún tiempo hasta que nos tuvieron listo el aparato. Tratándose de un bimotor, tuvieron que encararlo con la cola hacia la pista, evitando así que al acelerar el aire movido por las hélices se llevase por delante los aparatos estacionados cerca del hangar.. De todos modos, cada vez que iba a pasar otro aparato, se debía mantener los motores al ralentí antes de que pudiese pasar. Con todo, el C-46 acabó con ocho micrófonos en su interior y la cabina. Dispusimos, como en anteriores ocasiones, los micrófonos en los alrededores y tuvo lugar el mismo proceso que con los aviones más pequeños, como el día anterior. ¡Y como sonaba! Eran dos motores, similares al del Hellcat, que generaban un sonido brutal y grave, de esos que sientes en tu interior y te retumban en el estómago. Al final te acercas, junto a tu micrófono, con precaución a sus hélices.
 
Con todo hecho y los motores apagados, recogimos nuestros pertrechos y preparamos las copias de seguridad de rigor. Agradecimos la colaboración de los presentes, nos despedimos de ellos y cogimos la autovía 1 hasta Sunset Boulevard. Así finalizaba nuestra aventura y me moría de ganas de otra.


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